El buen goce de la ciudad y de sus espacios depende más del comportamiento ciudadano que de las autoridades, pero desde tiempo atrás hemos visto como el comportamiento ciudadano se ha ido deteriorando al punto que hoy vivimos en una ciudad en la que abunda el irrespeto a las normas, la falta de empatía y el egoísmo para con los demás; y en medio de toda esa falta de civismo y desorden los delincuentes aprovechan para hacer lo suyo.

Es deber de las autoridades evaluar el riesgo para la ciudad que tiene la mezcla de un mal comportamiento ciudadano y una fuerza pública con capacidad operativa inferior a ese riesgo, como también es su deber el de tomar medidas preventivas, persuasivas y no solo reactivas.

La historia reciente ha demostrado que las autoridades de Cali no tienen la capacidad reactiva para controlar desmanes en toda la ciudad y no es una realidad que tengamos que tapar en los medios o manipular, es una realidad que debemos afrontar con gallardía todos los caleños.

¿Cómo?

Entendiendo que si no hay capacidad institucional para controlar la delincuencia y la falta de civismo, entonces las medidas preventivas para proteger el bien público y a la ciudadanía deben ser más fuertes aunque estas no gocen de popularidad como ocurre con los Toques de queda u otras restricciones.

El desgaste institucional que hoy se genera por las decisiones impopulares que no se toman se traduce en un mayor gasto público para el control de daños y una brecha de la seguridad que es aprovechada por la delincuencia en los días siguientes es decir, más fuerza pública cuidando caravanas y partidos de futbol hoy, significan más ciudadanos víctimas de la delincuencia en los días siguientes y mayor gasto institucional.

CALIDENUNCIA

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